ELOGIO DE LA QUIETUD VOLUNTARIA

Una pandemia nos fuerza a reconocer los vínculos multiespecie que nos conforman. Escuchando contra-corriente, desde el sur y en clave ecofeminista.

Estamos encerrades en nuestras casas y para muchos el vínculo con el afuera se convirtió en una pantalla de computadora y una cuenta de twitter. Ahí veo con un poquito de sorpresa y bastante de resignación una buena cantidad de personas entusiasmadas porque notan la presencia de animales en las ciudades, que parecen “vacías”. Los animales se mueven más libremente sin tanto humane y autos por ahí, disfrutan de la calma como nosotres. O… ¿nunca probaron salir a andar en bici durante un partido de Argentina en el mundial?

¿Qué pasa con los animales durante este “encierro” humano cuasi-global que estamos transitando? Nos encantaría saber, porque desde nuestros hogarescaja-de-cartón urbanos es difícil medir realmente qué sucede ahí afuera. Llueven los reportes de “la naturaleza reclamando lo que es suyo”: delfines en las costas de ciudades europeas, pumas en Santiago de Chile, cabras en un pueblo inglés, un carau cruzando la Avenida Crámer en Saavedra. Sin embargo, su presencia es tan natural como naturalizada y normalizada está su invisibilidad cotidiana.

La realidad es que cualquier ser vivo disfruta de un ambiente tranquilo, con menos tránsito de humanes (predadores para la mayoría de otros animales) y especialmente, menos autos acaparándolo todo. El silencio que disfrutamos estos días también permite que escuchemos las voces no humanas

Idea: sostener el silencio por mucho más tiempo de lo que dure este “voluntario” aislamiento. 

Las cabras inglesas buscando un pub abierto

LA PANDEMIA ES EL OTRO

Este virus globalizado, minúsculo ser que obligó al mundo a pausar el frenético ritmo de la «normalidad», abrió una grieta para que entren a escena otros protagonistas: la destrucción de lo público, la precariedad de muchos vínculos y la arrogancia, de cierta-gran-parte, de la intelectualidad que se otorga el derecho de pensar y decir qué pasa con el mundo, qué debería pasar, qué futuro esperar, qué deberíamos pensar. 

La irrupción inesperada del Covid-19 hizo estallar las certidumbres y saturó el aire de filosofía-de-fórmulas centradas en la muerte. Y ahí aparecieron los profetas del pensamiento eurocéntrico y patriarcal, con su  vocación virósica de esparcir sus ideas y predecir el futuro. “El humano está perdiendo su centralidad en este proceso caótico, y no debemos desesperarnos por esto” dice Bifo Berardi -citando una idea original de Donna Haraway, siempre pensando a contrapelo del resto-. Al fin un respiro de la omnipresencia bípeda racional, que necesita saber y controlarlo todo. 

Idea: Hacer silencio y escuchar. Dejar de pensar por unos momentos, disfrutar de este rato de total inutilidad. Estar atentxs a lo que surge.

Un par de pumas salieron a recorrer Santiago de Chile. Se querían sumar a la primera línea.

EL ETERNO RETORNO DE LA NATURALEZA

La relación instaurada entre capitalismo global y naturaleza se espeja en la construcción social de una otredad (todo lo que no es lo hegemónico – universal – occidental, típicamente encarnado en el Hombre – varón, hétero, blanco, occidental, sujeto universal) como un problema. O sea, los cuerpos-carnaduras-existencias no-humanas-universales a disposición, para dirigir, controlar, utilizar, expoliar.

¿Podemos pensar una multiplicidad de mundos, de mundos posibles, imaginables, construibles, en oposición al relato hegemonizador del colapso sistémico, inminente e inevitable? Creo que si. Desde el ecofeminismo se puede recuperar el paradigma del cuidado, que pone en el centro los vínculos, la interdependencia, la reciprocidad y complementariedad de las relaciones, desde el reconocimiento y el respeto al otro. De todos los vínculos.

Mucho se ha escrito sobre esta nueva pandemia como consecuencia de la intromisión del mundo humano sobre la Naturaleza. La deforestación, el tráfico de fauna, la sopa de murciélago y las granjas industriales. Exponentes del vínculo avasallante del Hombre sobre los animales y que sin lugar a dudas, es una forma de existencia indeseable, injusta e insostenible. 

Pero no es la única. Bajo ese relato unívoco de destrucción, contagiado hasta el último rincón de la red tecnológica de comunicaciones, existen otras re-existencias y vínculos entre lo humano y lo natural. Y también hay voces que traen a debate otras ideas, centradas en la vida y la comunidad. Este texto de la antropóloga Verónica S. Lema se pregunta sobre nuestra responsabilidad hacia los animales (por cierto, uno de los textos más lindos que se hayan escrito sobre la pandemia que puedan leer). La responsabilidad afectiva como columna vertebral de las relaciones, incluso con lo no-humano. ¿Por qué no? Recuperar la responsabilidad como “la cualidad de aquel que es capaz de responder a sus compromisos”.

Idea: Quedarse quieta como forma de pausar el derrotero vertiginoso de una forma-mundo que no tiene ya sentido para nosotrxs. Contemplar. Practicar la ayuda mutua y recuperar la responsabilidad hacia les otres. Ver qué pasa.

 

Lechucita vizcachera aprovechando que no hay partido.

Un espacio colectivo de difusión, reflexión y debate.

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