¡NI LA TIERRA NI NUESTROS CUERPOS SON TERRITORIOS DE CONQUISTA!

Somos una. Si la dañan, nos dañan y si nos dañan a nosotras, también dañan a la tierra. El rugido Ecofeminista desde la Patagonia.

El movimiento feminista durante esta última década creció exponencialmente en América Latina, abrió su amplitud de llegada a las mujeres, incorporando disidencias y rompiendo las barreras que limitaban la participación. Lo que se conoce como la “cuarta ola” es la avanzada de las organizaciones de mujeres y disidencias que se extiende desde México a Argentina (y otras partes del mundo). Ahora, una de las corrientes que se desprende de esta matriz de pensamiento, el Ecofeminismo, está cobrando relevancia en el continente. El término fue utilizado por primera vez en 1974 por la feminista francesa Francoise D’eaubonne para destacar el potencial que las mujeres podrían tener en una revolución ecológica. 

Entrevisté a seis mujeres que son parte de luchas ambientales en la provincia de Santa Cruz en la Patagonia Argentina. Hablamos sobre la Naturaleza, el extractivismo, el rol de las mujeres y disidencias en las causas que defienden el agua y la tierra (que hoy están en manos de las multinacionales mineras, petroleras e hidroeléctricas).

¿Qué es ser activista?, ¿qué obstáculos presenta?, ¿qué nos hace bien de “activar”? ¿cuáles son las herramientas que el ecofeminismo nos da frente a las luchas socioambientales?, ¿por qué son las mujeres las que encarnan las luchas ambientales en África y América Latina? son algunos de los tópicos abordados en esta nota (que por rigurosidad de síntesis, deja afuera otro tanto de información valiosa que impulsa a continuar escribiendo). 

“Somos activistas de una provincia saqueada por el extractivismo e intereses perversos, creo que estamos distribuidxs para ser el portavoz de las injusticias de cada lugar”, imparte convencida Sabina, activista por el Río Santa Cruz sin represas; y da pie a la primer premisa: las luchas ambientales son sociales

Pensar las problemáticas ambientales separadas de la condición social donde se desarrollan las mismas, es olvidar el entorno y las personas afectadas, que ya vienen organizándose en espacios colectivos desde la década de los ‘90, conformando hoy un gran movimiento ambientalista en Argentina. 

Solo para mencionar algunas batallas claves, en 1996 en la provincia de Misiones el pueblo de Corpus -con una consulta popular de por medio- rechaza la instalación de una mega represa. En 2003 en Esquel se pone un freno a la canadiense Meridian Gold, a través de un plebiscito que impide la actividad minera a cielo abierto con utilización de cianuro. En 2006 el debate ambiental se volvió binacional cuando estalló el conflicto por la instalación de las papeleras Botnia y ENCE en el margen uruguayo pero con contaminación colateral en Entre Ríos. La última movilización emblemática sucedió en diciembre de 2019 cuando más de 50 mil personas en Mendoza hicieron frente a la defensa del agua que rige en el marco legislativo de la ley Nº 7722 que impide el desarrollo de la actividad minera, en un territorio con reconocida escasez de agua. 

Al caracterizar al Movimiento Patagonia Libre (MPL), Rita destaca que este espacio es autogestivo y autónomo, su estructura organizativa es totalmente horizontal, pues en asambleas que se toman se toman las decisiones. En sintonía, Silvina, de Comandante Luis Piedra Buena, define al MPL de carácter antipatriarcal, anticapitalista, antirracista, antiextractivista y antimilitarización. Y agrega: “No sólo nos mueve la unión en la lucha por el Río Santa Cruz libre, sino también la lucha contra los basurales a cielo abierto, las mega mineras, el fracking y los transgénicos”. 

En una provincia donde las distancias son largas, la necesidad de encontrarse es imprescindible. El Movimiento Patagonia Libre, la agrupación Río Vida y río Santa Cruz sin represas son los espacios donde confluyen las aquí entrevistadas que -junto a otras personas que viven mayoritariamente en Santa Cruz, pero también con aquellas que residen en otros puntos del país- entrelazan pueblo a pueblo un red que atraviesa la estepa patagónica.  Ahí se hace presente el desafío de articular una organización en la provincia con la segunda extensión más importante del país y la segunda con menor densidad poblacional.

Ecofeminismo, Naturaleza y Activismo

Cuando sostenemos que las mujeres estamos más emparentadas con la tierra, el ambiente, la naturaleza, ¿en qué fundamos esta premisa?, ¿de dónde proviene esta idea? En este punto es bueno destacar las palabras de Marta Pascual Rodríguez y Yayo Herrero López: 

“La comprensión de la cultura como superación de la naturaleza justifica ideológicamente su dominio y explotación. La consideración de la primacía de lo masculino (asociado a la razón, la independencia o la mente) legítima que el dominio sobre el mundo físico lo protagonicen los hombres, y las mujeres queden relegadas al cuerpo, al mundo inestable de las emociones y a la naturaleza”.

En concordancia, Sabrina, de la Colectiva transfeminista y MPL, desde El Chaltén, nos dice: “La violencia a la Naturaleza se refleja en la violencia hacia las mujeres y disidencias, en todas aquellas personas que no encuadran dentro del parámetro social heteronormativo”. Rita complementa afirmando que la naturaleza es entendida como mercancía, lo cual nos hace pensar que estamos ante un feminicidio (ecocidio) constante, a la madre tierra, a la naturaleza, como una mujer que está siendo permanentemente ultrajada, herida y maltratada. 

Nuevamente, según Pascual Rodríguez y Herrero López: “Las mujeres han tenido y tienen un papel protagonista en movimientos de defensa del territorio, en luchas pacifistas, en movimientos de barrio. Si los recursos naturales se degradan o se ven amenazados, a menudo encontramos a grupos de mujeres organizados en su defensa. Son protagonistas de muchas de las prácticas del “ecologismo de los pobres”. 

Para Silvina, las mujeres y la naturaleza tienen una relación intrínseca. “Somos las mujeres las que tenemos no sólo sentido de pertenencia al lugar que habitamos, sino también de defenderlo”. 

Abordemos ahora una segunda premisa: la lucha feminista es ecofeminista.

Para Paula, de Río Vida, el ecofeminismo es entender que las mujeres hemos sido por siglos oprimidas, explotadas y ultrajadas de la misma manera que la tierra. Este sistema patriarcal capitalista es vertical y abajo de todo nos encontramos las mujeres y la naturaleza: animales, plantas, ríos, biomas enteros. Por eso sostiene que “es imposible militar un feminismo que no tiene en cuenta esto”. 

“Hay un sistema que es patriarcal, machista y extractivista, que atenta con una misma mecánica contra la mujer y contra el territorio, contra los mal llamados recursos naturales, contra la Naturaleza”, afirma Sofía de río Santa Cruz sin represas. En ese sentido, agrega “tanto el territorio como el cuerpo de la mujer es tratado como un objeto que es posesión del hombre, un objeto con un valor de mercado, con el que se puede hacer lo que quiera”. 

Siguiendo una línea empatizadora, Sabina enfatiza: “El ecofeminismo es la lucha que entiende que la madre tierra, la pacha, la mapu es la primera en ser violada, y empatizamos con eso. Somos una: si la dañan, nos dañan”. Es una idea en la que todas las entrevistadas coincidieron: somos parte de un todo, la humanidad es parte de la Naturaleza. 

Para finalizar, interpelo a quien lee a través de las palabras de Silvina: “sabemos que sin territorio no hay alimento posible, que sin agua no hay subsistencia posible, que sin la defensa del lugar que habitamos no habrá rincón habitable para nuestras futuras generaciones”… Vos, ¿lo sabes?

Un espacio colectivo de difusión, reflexión y debate.

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