COVID-19: EL DÍA QUE LA TIERRA DIJO BASTA

Mientras transitamos la crisis del COVID 19, reflexionamos desde la Patagonia y el Ecofeminismo sobre el futuro que nos aguarda

En 1912 Jack London escribió un cuento que llamó “La peste escarlata”, esta historia fue el inicio de la literatura de catástrofes. El autor narra el fin del mundo tal y cual lo conocemos, a partir de la propagación de un virus incógnito que mata a los humanos en pocas horas con la característica distintiva de convertir su piel en color escarlata. Sin antídoto y ante la rapidez del virus, el sistema colapsa y sólo quedan unos pocos sobrevivientes -entre ellos un profesor- que logran formar pequeños grupos humanos, pero en las antípodas de la civilización.

Hace unas semanas atrás, en el inconsciente colectivo, la idea de colapso social por un virus que podría afectar a miles de personas era remota y propia del terreno literario, hoy la propagación del virus SARS-CoV-2 y la enfermedad que produce Covid-19, nos coloca en una situación global de crisis e incertidumbre. Pero con el margen de tiempo suficiente (no se trata de un meteorito de exterminio letal como el que les tocó vivir a los dinosaurios) para reflexionar sobre cómo llegamos a esta situación y qué respuesta damos a este llamado de alerta.

Ilustración del cuento «La peste escarlata» de Jack London (1912)

ECOFEMINISMO PARA EL MUNDO QUE VIENE

Desde el ecofeminismo -corriente del feminismo que aúna a las luchas ecológicas y de género- se pone en cuestión la idea de separación entre Naturaleza y Sociedad que instaura el capitalismo. Sosteniendo que la Humanidad está separada de la Naturaleza se justifica su explotación (como el patriarcado sobre las mujeres) provocando la destrucción ambiental a escala global y poniendo en peligro la supervivencia de la misma especie en pos del crecimiento económico sin considerar que este camino luego de algunos centenios empezaría a languidecer.

Como dicen Nuñez y Klier (2017), la dicotomía entre Naturaleza y Sociedad es la piedra angular del pensamiento occidental moderno, hoy con la expansión del coronavirus, la mirada ecofeminista cobra fundamental importancia ya que nos propone aprovechar la crisis social y económica para replantearnos si al salir de ella, seguiremos sosteniendo un sistema desigual y destructivo para la vida que desoye el saber milenario de pueblos nativos y silencia a las minorías disidentes.

Quizás este sea un buen momento -sin olvidar a las personas que no tienen el privilegio del tiempo para reflexionar y también por ellas- para reformular los vínculos que construimos y nos forman, entre personas y animales, con la Naturaleza. En este sentido, desde el ecofeminismo se pone el énfasis en la interdependencia y la vulnerabilidad de todos los seres vivos, así como se cuestiona y combate la explotación de cuerpos y territorios, columna central del capitalismo patriarcal.

La pandemia covid-19  comenzó -como el SIDA que se expandió con la urbanización de África y se transmitió de un chimpancé a un humano; la gripe aviar que se contagió de aves a humanos; la malaria que se acrecentó luego de desmontar zonas boscosas y dar lugar a nidos de mosquitos que la transmiten, por mencionar algunas- como resultado del avasallamiento del ser humano sobre espacios naturales y vidas puestas a disposición. Uno de los resultados de esta intromisión violenta fue, entre muchos otros, la propagación de virus zoonóticos.

Ilustración del cuento «La peste escarlata» de Jack London (1912)

PAREMOS AL MUNDO, ESCUCHEMOS

En Argentina y particularmente en la Patagonia, lugar desde donde escribo estas líneas, la economía se centra en la extracción de recursos naturales que son el bien común de los pueblos actuales y las generaciones futuras. La mega minería, la extracción de petróleo, con métodos extremos como el fracking, y la instalación de dos mega represas en el último río glaciario del país, son representativos de un panorama sombrío para quienes pretendan motivar otras lógicas económicas que no incluyan necesariamente la contaminación del agua, el aire y la tierra.

Según un informe de “Mine 2018 Tempting Times” de PwC, entre el año 2016 y 2018 el número de empresas mineras que aplicaron presupuestos a la exploración en Argentina creció de 46 a 59 y además la cantidad de perforaciones ejecutadas se cuadruplicó, pasando de 244 a 1000. Esto se debe en parte a los beneficios impositivos que el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) concedió a las empresas mineras, como la unificación del tipo de cambio, el libre giro de divisas y la quita temporal de retenciones a las exportaciones. Sin embargo, este crecimiento en el ámbito privado no se vio reflejado en beneficios para las áreas sociales y de salud pública, que hoy son vitales para controlar la pandemia del covid-19. 

Ilustración del cuento «La peste escarlata» de Jack London (1912)

Tenemos que aceptarlo, si bien es cierto que en regiones mineras o petroleras crece la capacidad de consumo individual, esto va en detrimento del desarrollo social o colectivo que integre una mejora en la calidad de vida de las personas en su conjunto. Los trapitos que el coronavirus fue sacando al sol mostraron la debilidad del sistema de salud: la inequidad en el acceso público, la falta de insumos, el pésimo transitar de los profesionales de la salud y el acorralamiento de docentes que se ven obligados asistir a escuelas vacías de estudiantes. 

Por primera vez en la historia minera, el avance del coronavirus hace tambalear el motor implacable de la extracción de oro y plata que se mantiene encendido las 24 horas los 365 días del año hasta acabar con el recurso. Y en concordancia con el temor social que inspira este virus, para el cual aún no hay vacuna, los trabajadores preocupados comienzan a exigir el cierre de yacimientos para evitar contraer la enfermedad.

Esta no es la única actividad que cesa, el planeta del consumo se detuvo: shoppings vacíos, rutas, autopistas, trenes y colectivos prácticamente deshabitados, vuelos cancelados, todo el país en cuasi-cuarentena, escenarios desoladores y la redes sociales inundadas de fakes y pánico. En paralelo, el planeta comenzó a limpiarse: bajaron las emisiones de carbono, las fuentes de agua se cristalizaron, los animales dejaron de ser cazados a mansalva y la tierra tomó nuestra crisis humanitaria como una oportunidad para sacarse de encima el virus que la está matando: el capitalismo.

Núñez P y Klier G. Ecofeminismo: perspectiva teórica frente a desafíos ambientales y sociales en la Patagonia. 2017.

Un espacio colectivo de difusión, reflexión y debate.

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